Publicado en Orbe, Vol. 10 No. 8, 19/07/2008

por A. González Arias

 

 

 

El holismo; ¿algo en realidad novedoso?

 

Según algunos[1] el término holismo proviene del ingles ‘whole’ –todo, suma, completo-, y es aparentemente una derivación de ‘wholism’, que significa algo así como ‘que tiene que ver con todo’. Sin embargo, como ‘holy’ significa en ese mismo idioma ‘santo, sagrado, bendito, divino’ la palabra en realidad esconde un doble significado: una traducción quizás mas apropiada podría ser: ‘lo divino que tiene que ver con todo’.

El origen del término no es reciente; se le atribuye a Jan Smuts, militar, estadista, botánico aficionado y filósofo de la antigua Unión Sudafricana, quien hace 80 años escribió en su libro Holismo y Evolución: “...la creación de ‘todos o totalidades’, y aún mas altamente organizados ‘todos’ y de la ‘totalidad general’ como característica de la existencia, es un carácter inherente del universo... Y el progresivo desarrollo de los ‘todos’ resultantes en todas las etapas -desde las mas imperfectas, inorgánicas, hasta las mas altamente desarrolladas- es lo que llamamos Evolución.  La tendencia a la construcción del todo, o el Holismo, operando en y a través de los todos particulares, se observa en todas las etapas de la existencia, y no está de ninguna manera confinado al dominio biológico donde la ciencia lo ha restringido hasta el momento”.

La anterior no es la única interpretación que existe del holismo. Según otros, una forma más compacta de definirlo sería expresando que “el todo es más que la suma de sus partes”; lo que en cierta forma no deja de ser una verdad de Perogrullo[2]: una bicicleta es más que la suma de sus ruedas, tornillos y cadenas; si las partes no se acoplan debidamente la bicicleta no se podrá montar.  La interconexión de las piezas es lo que permite hacerlo, creando una nueva cualidad.  Y lo mismo sucede con cualquier otra cosa; un libro no es más que papel, tinta, más las ideas del autor ordenadas adecuadamente. Por separado, desde luego que no son un libro.

Sin embargo, esta noción perfectamente racional se utiliza a menudo para tratar de desvirtuar los puntos cardinales que han guiado a la ciencia desde sus mismos inicios. Al insistir en que las cosas hay que verlas siempre “como un todo”, sin ofrecer la metodología de cómo hacerlo, se niega la forma usual del avance del conocimiento: de lo simple a lo complejo, de lo particular a lo general, etc. ¿Cómo es posible llegar a conocer el ‘todo’ sin conocer previamente las partes que lo componen?

También se suelen presentar afirmaciones confusas, subjetivas, indemostrables, y de un decidido sabor místico-religioso –aunque los promotores del holismo no gusten de reconocer esto último-.

Juzgue el lector la siguiente afirmación.

El enfoque holístico en la salud consiste en considerar que todo lo existente tiene relevancia en la naturaleza del individuo con su problema. Un orden alto, aun si Ud. considera que la comunicación verbal está minimizada por la no-verbal y a menudo subconsciente en ambas partes.  Además, la facultad intuitiva no debe ser desestimada.  Con esto uno trata de acercarse a la causa tanto como su propia habilidad y la persona en cuestión lo permitan.  El objetivo es encontrar y estimular balance y vitalidad.  El aspecto ‘vital’ tiene muchos nombres, tales como espíritu, aura, chi, prana, campo de energía humana, entelequia, campo biomórfico, etc.  Todos ellos significan lo mismo y no tiene nada que ver con una religión o creencia particular.  Es la fuerza vital/emotiva, la guía del conductor, el ‘pegamento de vida’.”1

A menudo el holismo aparece ligado a las denominadas ‘medicinas alternativas’, normalmente no reconocidas por la medicina convencional: Quiropráctica, Ayurveda, Reflexología, Osteopatía, Homeopatía, Medicina Unani y muchas otras. La filosofía holística predica que “para evitar las enfermedades y permanecer sano se necesita mantener la ‘energía vital’ a un alto nivel, lo que permite a todas las partes del cuerpo trabajar en armonía para mantener la salud.”  Tal energía (o sus denominaciones similares como bioenergía, aura, etc.) no es reconocida por la ciencia[3].

El holismo también intenta insertarse en la pedagogía como un enfoque novedoso, pero que en realidad se basa en criterios archiconocidos, sin mucha diferencia a lo que conocemos como educación integral.  A título de ejemplo, reproducimos lo que aparece en una lista de debates de la Revista Iberoamericana de Educación[4], publicado en junio 9 2007.  Se han omitido numerosos adjetivos y frases de elogio que no afectan el sentido de lo escrito. 

“Propuesto por Ramón Gallegos.  La educación holista es un proceso integral para reestructurar la educación en todos sus aspectos. ...se ha desarrollado a partir de las ciencias de la complejidad... supera la visión reduccionista cognoscivista, considerando al ser humano en su totalidad, y trabaja en seis dimensiones: emocional, social, cognitiva, estética, corporal y espiritual. Los principios holísticos de interdependencia, diversidad, totalidad, flujo, cambio, unidad, sustentabilidad, etc. están en la base del nuevo paradigma educativo con el objetivo de una formación integral del ser humano...”

Lo que no queda claro es que hay realmente de novedoso en lo anterior, excepto la palabra holística, puesto que el resto de los conceptos son harto bien conocidos y utilizados en la práctica por cualquier educador: los aforismos mente sana en cuerpo sano (unión de cuerpo y mente, totalidad), una mano lava la otra y las dos lavan la cara (interdependencia), en la unión está la fuerza (unidad), no es posible cruzar dos veces el mismo río (flujo, cambio), no le regales un pez, enséñalo a pescar (sustentabilidad) y muchos otros más, son resúmenes del saber popular conocidos desde tiempos inmemoriales, que de novedoso nada tienen. Además, están presentados de una forma mucho más simple y educativa que las ‘verdades’ holistas.

Y nos asalta una duda.  ¿No será que en el fondo lo que algunos tratan de hacer con el holismo es ‘espiritualizar’ subrepticiamente la educación laica?

 


 

[1]. http://fp.osteopath.plus.com/articles/whole_of_holism.htm

[2]. Verdad o certeza que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza el decirla. Proviene de Pedro Grullo;  personaje popular asturiano del siglo XV ó XVI, (no se sabe si real o ficticio) mencionado por Cervantes, Quevedo y otros. 

[3]. http://www.fisica.uh.cu/biblioteca/revcubfi/2008/vol25-No.1/RCF-2501-2008-p13.pdf; ibidem, p15.

[4]. http://www.rieoei.org/foros/article.php3?id_article=36&var_mode=recalcul